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29.Dic.2013 / 10:14 am / Haga un comentario

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Esta semana lo dijo el presidente Nicolás Maduro: El comandante Hugo Chávez gana batallas electorales después de su desaparición física, y la mejor demostración de ello fue lo sucedido en 2013. Cabe aquí el ejemplo del Cid Campeador, que triunfó en el campo de guerra después de muerto por el poder que tenía sobre sus tropas y el pánico que despertaba en sus enemigos. El ensayista y antropólogo mexicano Héctor Díaz Polanco lo había asegurado, meses atrás, en conversación con el Correo del Orinoco, al afirmar que Chávez “creó en el pueblo venezolano la gran ilusión; la ilusión de que se puede vivir de otra manera. Esa frase tan repetida de que ‘otro mundo es posible’ adquiere aquí concreción”.

Los números les dan la razón. El Comandante falleció a las 4:25 pm del 5 de marzo de 2013, y el 14 de abril el dirigente bolivariano que designó como sucesor, Nicolás Maduro, se alzó con una victoria electoral por más de 200 mil votos a pesar de la tristeza que embargaba al pueblo chavista. En los comicios municipales del 8 de diciembre, el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar conquistó más de 5 millones de votos de sufragios. Maduro, con humildad, enfatizó que era una victoria, también, de Hugo Chávez.

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RECUPERAR LA ILUSIÓN

En ese diálogo, Díaz Polanco sostuvo que, en el caso venezolano, “se trataba de conseguir y mantener avances en el campo de la salud, de la educación, de amplitud democrática del país; el inicio de una nueva forma de organización popular con las comunas, la recuperación del campo productivo”. A su juicio, la Revolución Bolivariana demostró “que no solamente se pueden alcanzar estos logros y quedarse allí, sino que se puede seguir creciendo en bienestar”.

El analista considera que el pueblo venezolano “tomó una ruta que puede ser irreversible”, condiciones que no se dan necesariamente en otros países de América Latina, salvo Cuba. Chávez “creó este horizonte”, que se había perdido debido al neoliberalismo. “Hay pueblos enteros sumidos en el enbrutecimiento”, debido también a los monopolios de la comunicación, que buscan “separar por completo a la gente de su realidad”.

¿Qué hizo que Chávez, a título individual, no perdiera la ilusión en un país que parecía condenado al conflicto y a las desigualdades? “Recurrir a tu único asidero, que es tu propia historia. Recurrir a personajes históricos que hicieron aportes extraordinarios, como Bolívar. También fue el caso de Augusto César Sandino en Nicaragua, de Farabundo Martí en El Salvador”, describe. Esta inspiración inicial “encontró el personaje exacto para cumplir su misión”, en términos “de la expansión de un proyecto de transformación”.

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ESTADO AMOROSO

Díaz Polanco hace énfasis en el hecho de que Chávez retomara las banderas del “Estado amoroso”, lo que atribuye al propio Comandante, a sus características personales. “Fue el mismo modelo de relación líder-pueblo el que fue conduciendo paulatinamente a esta visión de la política, en la que la relación intensa de emociones, de sentimientos mutuos, fue creciendo”.

Ese nexo amoroso ha sido un descubrimiento para gente fuera de Venezuela. “Con esta explosión popular de sentimiento, de pena, de luto indescriptible” se hizo evidente para el mundo. El sentimiento por Chávez “es de una profundidad que no tenemos prácticamente parangón en América Latina”.

Ese amor “se fue llenando de contenidos”, de conceptos como “amor con amor se paga”. Chávez “daba respuestas a ese sentimiento, respuestas concretas, y la gente respondía a ese comportamiento del líder”.

El vínculo es de tal relevancia que Díaz Polanco considera que debería ser estudiado por las y los intelectuales, porque “no es una cosa frecuente” y hay allí “muchos elementos particulares y universales que nos permitirían entender en toda su amplitud y complejidad el fenómeno”.

Chávez despertó también odios feroces, igual que lo han hecho otros líderes a escala latinoamericana. “Pero lo de Chávez es algo extraordinario: era un odio del tamaño del amor que generaba”, con elementos tan descabellados como afirmar que en Venezuela imperaba una dictadura aunque se han hecho casi 20 elecciones. “No está fundado en nada objetivo, racional, sino en sentimientos irracionales de odio”. Por ello, acota, lo particular de Chávez “es más bien el factor positivo del amor que el factor negativo; valdría la pena estudiarlo por su peculiaridad, por su carácter único”.

El del pueblo por Chávez “no es amor abstracto, ni amor sin fundamento; es algo basado en el proyecto histórico que desarrolló”, y en consecuencia “ese amor se mantendrá al recuerdo, a la figura de Chávez, y se transferirá a la consecución e impulso del proyecto de transformación venezolana”.

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LA MUERTE QUE NO ES MUERTE

El comandante Chávez desapareció físicamente, y una ola de especulaciones se levantó: analistas plantearon que su muerte era la muerte del proyecto bolivariano suramericano; dijeron que con él quedaban enterradas las ideas de cambio. Díaz Polanco estima que, por el contrario, el proyecto bolivariano “es irreversible”. En los años 60 y 70 del siglo XX el patrón era conquistar el poder por la vía de las armas e instaurar el socialismo, evalúa; ahora son grandes movimientos sociales y populares, comandados por lideresas o por líderes, que van a elecciones, ganan el Ejecutivo y plantean procesos constituyentes.

Con Chávez “empezamos a plantearnos de una manera nueva la relación entre reforma y Revolución”. Antes “estábamos atrapados en una idea de reforma o Revolución, y en consecuencia las transformaciones que iban preparando el ascenso hacia el socialismo eran desechadas por la izquierda, porque eran reformistas”.

El aporte del Comandante, en este sentido, fue muy práctico: “Ya no es reforma o Revolución, sino reforma y Revolución. ¿Qué es lo que queremos? Reformas y Revolución”, sintetiza. Chávez, sin temor, actualizó un viejo debate de la izquierda y dice, con la práctica, que “podemos ir avanzando muy profundamente, mejorando las condiciones de la gente y al mismo tiempo transformando a la sociedad”, con acciones como la Constituyente.

Todo eso ha hecho “que el venezolano de hoy sea otro venezolano”, subraya, porque cambió la visión del país, las relaciones sociales, las relaciones con las otras y con los otros. “Lo que se hizo en Venezuela es una reconstrucción humana. Había un Homo venezolano antes de Chávez y hay un Homo venezolano después de Chávez”. Aunque se trata de un proceso “es difícil que se revierta, y en eso consiste la perdurabilidad del legado de Chávez”.

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Esto, sentencia, “transformó la izquierda latinoamericana”. Hoy día ser anticapitalista no es “derribar el capitalismo de manera directa”, sino “romper la columna vertebral del sistema neoliberal”. La militancia revolucionaria lo puede hacer ahora con las reformas de fondo “sin que un dedo acusador los acuse de reformismo”. Ha surgido, según su visión, “una ética de urgencia” en la izquierda latinoamericana, para “buscar mejorar las condiciones de los grupos por los que luchamos y decimos representar”. Ese es, también, un aporte del Arañero de Sabaneta.

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Tomada de: Correo del Orinoco

 

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