Internacionales

14.May.2013 / 11:08 am / Haga un comentario

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Hace 85 años, tal día como hoy, la ciudad de Rosario se despertaba distinta. Distinta a como había amanecido el día anterior y a como lo haría cualquier día que no fuera el 14 de mayo de 1928. Puede que fuera el Sol quien le dio la bienvenida. Quizá fue la lluvia la que inundó aquel día primaveral. Fuera como fuere, a Ernesto Guevara debió gustarle la experiencia, porque desde entonces no ha parado de nacer.
Nace todos los días en Argentina, pero también en Cuba. No sólo eso. Ernesto Guevara nace en cada resquicio de lucha que se entreve en cualquier lugar del mundo. Hay gran parte del Comandante en cada gesto de insumisión, en cada rechazo a aceptar las cosas como se nos son dadas, en la negativa a la resignación.
Más allá de todas las camisetas, pósters, o cualquier tipo de merchandising que se pueda vender en un gran centro comercial, el Che traspasa y trasciende estas modas y todas las que vendrán. Inspirando un presente de lucha que augura un futuro en nuestras manos, el símbolo de la Revolución Cubana esta hoy más vivo que nunca, y su máxima “si no hay café para todos, no habrá café para nadie” nos hace replantearnos la consistencia y la legitimidad de un sistema económico que obliga a una parte del mundo a morirse de hambre, y a la otra de obesidad.
Contra todo pronóstico, los responsables de su muerte en Bolivia en 1969 terminaron con su vida pero dieron a luz al mito. Un mito que prevalece por haber llevado a cabo una cosa tan sencilla, pero a la vez tan pura y necesaria como decir lo que se piensa y hacer lo que se dice. Ernesto Guevara estaba movido por un sentimiento, el amor, un amor por una patria sin fronteras compatible con el fusil, como un auténtico revolucionario.
Santa Clara se despertaba para verle. Hoy todos podemos verle reflejado en muchos de los gestos cotidianos de cualquier trabajador o estudiante. Hoy podemos verlo, quizá, en cualquier niño con asma cuyo mayor sueño sea convertirse en médico.

Tomado de: LaRepublica.es

 

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